El paciente que parecía una momia.
Ocurrió en 1987, en Londres.
El médico más respetado de Inglaterra fue invitado al hospital local para examinar a un paciente… del que todos hablaban con temor.
“Es un caso terrible”, le advirtieron.
Y no exageraban.
A la mañana siguiente, llegó al hospital. Una enfermera lo condujo hasta una oficina y le pidió que esperara. Pasaron 30 minutos en completo silencio.
Y entonces… la puerta se abrió.
Dos médicos entraron cargando a un hombre.
El doctor, ya con años de experiencia, gritó del susto.
Lo que vio no parecía humano.
Frente a él, había un cuerpo que parecía una momia viviente.
La piel estaba completamente endurecida, cubierta de costras gruesas como la de un reptil. Ni siquiera podía saber si se trataba de un hombre o una mujer.
Al revisar su historial, descubrió la verdad:
El paciente sufría de una forma extrema de psoriasis, una enfermedad autoinmune que ataca la piel.
El caso era tan grave que ya no había forma de revertir el daño.
La enfermedad había avanzado durante demasiado tiempo… en completo abandono.
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